Pedagogía de la confianza

“Una nueva forma de ver al niño y trabajar con el”

Este modelo educativo inició sus andaduras en Euskal-Herria, con el proyecto HAZITEGI, desarrollado por las facultades de humanidades y Empresariales de la Universidad de Mondragón. El promotor principal de esta pedagogía es el psiquiatra, médico y profesor, Rafael Cristóbal.

Esta pedagogía se fundamenta en Teorías científicas y empíricas, para proponer una alternativa a la enseñanza tradicional. Uno de los principales cambios se fundamenta en el modo de comprender la relación entre las partes del proceso educativo: los alumnos, los padres y el profesorado.

La confianza como punto de partida para un aprendizaje positivo

La confianza como punto de partida para un aprendizaje positivo

El ser humano tiene innatos a su ser unas características determinadas. Conocer y respetar esas características, propicia las condiciones para que la criatura se pueda desarrollar desde la confianza, para iniciar un camino de aprendizaje positivo.

“Respetar los ritmos biológicos, cognitivos y emocionales del alumno, se convierte en el eje vertebrador de todo el proyecto educativo de EBI.”

formamos personas

Formamos personas

Ante la nueva realidad, EBI ha hecho un nuevo planteamiento pedagógico. Respetar los ritmos biológicos, cognitivos y emocionales del alumno, se convierte en el eje vertebrador de todo el proyecto educativo de Elizbarrutiko Ikastetxeak. La persona se sitúa en el centro, y teniendo en cuenta la particularidad de cada una de las criaturas, la educación es enfocada para que cada uno pueda hacer “su andadura”, en la formación de la persona, integra y feliz.

Basándose en la Pedagogía de la Confianza, el alumnado debe ser consciente de sus capacidades, para desarrollar la confianza necesaria para iniciar el camino en el desarrollo de su potencial. Partiendo desde las experiencias vividas, y actuando de una manera libre, creando y manipulando, aprendiendo a gestionar las emociones y sentimientos, podrá desarrollarse la criatura como persona.

La educación basada en los conocimientos conceptuales pasa a un segundo plano

En EBI apostamos por una educación basada en las competencias y las experiencias. Partiendo de la creencia de que se aprende más de forma activa que pasiva, se potencia más el aprendizaje que la enseñanza.

Para poder implementar esta pedagogía, estamos adaptando los espacios de nuestros centros educativos, y generar así un entorno que propicia el desarrollo natural de la criatura. El alumnado podrá encontrarse con amplios espacios donde puede dar rienda suelta a su imaginación, y desarrollar la autonomía. Además, al ser espacios compartidos, los niños y niñas de diferentes edades podrán interactuar entre sí, para desarrollar los instintos innatos del ser humano: el instinto protector, el observador, el apego…

La confianza y la autoestima básicos se desarrollan en los alumnos y alumnas en base a la relación existente entre el cuidador y el alumnado, y de este con el espacio. Siendo conscientes de ello, es imprescindible que el tránsito entre el hogar y la Ikastola sea positivo, para que la criatura pueda desarrollar el instinto de apego, tan necesario. Desde la perspectiva de la Pedagogía de la Confianza, lo básico y fundamental es propiciar las condiciones para que las niñas y los niños puedan desarrollar los instintos naturalmente innatos, de una forma sensible y apropiada.

Para que dicho tránsito sea realizado con corrección, especialmente entre el alumnado de menor edad, para que desarrolle apego tanto para el cuidador como para los nuevos espacios, atendemos de forma especial a los tiempos y a los espacios. Hasta que la criatura pueda estar tranquila y sentirse segura, los padres o tutores tienen la posibilidad de quedarse en el aula con ellos. Para que la separación o ausencia de la figura referente para el niño no suponga un problema, solemos recomendar a los padres o tutores, que se queden hasta que la criatura por iniciativa propia empiece a jugar e integrarse en el grupo. Es muy importante realizar el trasvase de forma óptima, ya que, si no se genera un sentimiento de “bien estar” en la criatura, las relaciones de apego que después puedan generarse tampoco serán sólidas.

A medida que el alumnado se va desarrollando, van aprendiendo a creer en sus posibilidades, comprender y gestionar sus emociones, y aprendiendo a dar respuesta a las diferentes situaciones, acompañados y guiados, pero de forma autónoma.