Ser, vivir y agradecer

Vivimos en un tiempo de prisas e incertidumbres, un tiempo loco que nos empuja a vivir a un ritmo frenético en el que no hay tiempo para disfrutar y agradecer lo que acontece cada día.

A menudo, la rutina nos hace olvidar que la vida es un regalo, un camino de descubrimiento en el que intentamos toparnos con nuestro auténtico “yo”. Si nos atrevemos a bajar de la rueda del día a día y a aceptar el reto de preguntarnos ¿quiénes somos?, puede que surja cierto temor. Sin embargo, tras un primer momento de oscuridad, seguramente, surgirá una chispa que nos permitirá vislumbrar lo que antes no veíamos con tanta nitidez: la belleza de las cosas sencillas.

Cuando recuperamos la capacidad de asombrarnos y mirar con agradecimiento, aprendemos a ver más allá de la superficie. Una sonrisa, una confidencia, un café compartido… se convierten en señal de que la vida es mucho más de lo que parece. Un rato con las personas que forman parte de nuestra vida, o el recuerdo de quienes estuvieron en ella, nos ayuda a descubrir que somos lo que somos gracias a lo que todas ellas han dejado en nosotros y nosotras. Los colores del atardecer o el mar infinito nos permiten intuir la presencia de Alguien, Dios, que nos sostiene e invita a vivir de manera agradecida.

Clara Arza. Delegación de Anuncio y Catequesis.